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Nada nos pertenece

Jessi Slaughter era una joven menor de edad que, llevada por el ego y las ganas de ser popular, colgó fotos y videos suyos en Stickydrama, una comunidad dedicada a hablar de flirteo adolescente. Jessi es menor de edad, y estuvo envuelta en rumores que la vinculaban a un veinteañero líder de una banda de música electrónica. Lo que no sabía era que estaba expuesta a que cualquiera cogiera su material y cambiara el curso de su vida.

Y así sucedió. 4Chan, una comunidad dedicada al ocio y de donde han visto la luz muchos memes de Internet, comenzó una campaña de bullying que se transformó en un infierno para Jessi. Actualmente, los medios estadounidenses están haciendo eco de lo que le está sucediendo, y el caso sigue evolucionando, pero ¿qué lecciones podemos obtener de todo esto?

Casos como el de Jessi se repiten por miles en la red. Y es que cuando alguien realiza el inocente acto de compartir una foto, muchas veces personal, con sus cercanos, el material ya deja de pertenecerle y comienza a ser parte de una vorágine de material sin dueño, que se usa para distintos fines, muchos de ellos delictuales o, lo que es peor, como insumo para sitios de corte pornográfico o pedófilo.

Lo mejor que puede aportarnos la historia de Jessi Slaughter, que pueden parecernos lejanos, es que el usuario tiene el control. Cuestión no menor pensando que muchas veces este usuario tiene motivaciones que nos podrían traer consecuencias desastrosas.

La cuestión no es tenerle miedo a la red, pero sí es fundamental enfrentarse a Internet con respeto. De esta forma evitaremos situaciones que nos lleven a perder el control de nuestra privacidad.

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